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martes, 13 de julio de 2010

ESE ARAR EN EL MAR

Había olvidado lo que es ser joven, casi adolescente.

Ese trajinar tenaz de los sentidos exacerbados, esa furia de rebelión, ese morir de amor a cada momento –inútil, pero verdadero-, esa ensoñación genuina de las cosas más simples “...ese constante hacer un alguien de algo, ese afán de castillos en el aire...”

Y digo, lo había olvidado en el marasmo de la adultez, de la madures obligada, de hacer carrera, de criar hijos, de las bodas de plata, del primer nieto, del segundo nieto, de este país del sobresalto y de este planeta alegórico.

Lo había olvidado.

El recuerdo se me vino de golpe como un chaparrón furtivo de verano: torrencial, brusco y cálido. Me lo trajo lachispademimente, con toda la frescura de sus ¿24? -los que sean- con su letra espontánea pero intrincada a la vez, con su ingenuidad pertinente, con su sabiduría adolescente.

Me trajo el recuerdo de mis propias tardecitas de Botánico, de enredados caminos de encuentros y desencuentros, de eternas despedidas, partidas y regresos, de saber y no querer, de querer y no poder, de poder y no creer... “extrañaré la rumia de mis sueños, y la dulce molienda y la esperanza...”

Me rescató de mi inercia -tristemente empeñada en ser una señora con todas las letras- me redimió al encanto de las urgencias perentorias, de los desvelos delatores, de los desatinos insidiosos, los derroteros sin palabras; me devolvió a la juventud olvidada, ese espacio sin tiempo y sin fronteras, donde todo se puede y da lo mismo tomar todos los días el subte D o recorrer Europa en auto-stop, hacer tres días de cola para Radiohead que embarcarse en la melancolía de una amor perdido “... ese arar en el mar de los ensueños, ese eterno soñar: la adolescencia...”

Entonces, antes que el encanto agonizara, busqué en la inmensa discoteca que atesoramos –de vinilos, aunque no lo crean- y encontré a Chabuca, limeña y vigente para siempre, y le pedí que me cantara esos versos tan cándidos –tantas veces escuchados y tantas ignorados- porque seguramente ella supo mantenerse joven hasta el último día de su larga vida, aunque al final diga: “...cuando ya se me olvide habré olvidado, viviré adormecida, liberada...”

Ahora sé, que no quiero –no debo, no puedo- ser liberada, ni vivir adormecida y mucho menos olvidar... por lo menos hasta el alzheimer o la senilidad irremediable.

PD: En bastardilla, extracto de Ese Arar en el Mar, letra y música de Chabuca Granda.

3 comentarios:

  1. Hermosa reflexión. Saludos a la autora y a lachispademimente.
    Invitada a pasar por El Juego de Palabras.

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  2. No puedo evitar tener enormes sentimientos encontrados al leer esto. De última, es lo que uno espera generar, no?
    Es un honor haberte traído algo de ingenuidad, de sabiduría de joven adolescente idealista, soñadora, que nunca dejará de creer que siempre hay algo más del otro lado de la puerta. Porque si eso se pierde, por qué nos preocupamos? tan mujeres, tan complejas, tan multitasking. Porque al final del día, es lo mismo bajarse del subte en Plaza Italia o en Montmartre, viajar los nocturnos colectivos porteños o las piraguas arequeras, hipnotizarse mirando el fueguito de una vela o morir de éxtasis escuchando Legend en vinilo.
    Es que en el fondo de mi alma, cuando miro una comedia romántica siento una pequeña esperanza de que algún acontecimiento milagroso, mágico y peliculero me pueda suceder. Es que al final del día, me dí cuenta de que me hacía feliz un amor simple.
    Gracias por enseñarle al flaco esas 'insignificantes' -plenas de significado- maravillas que lo hacen tan único. Y gracias por leerme, y compartirme.

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