SEPTIEMBRE... Y FINAL
Hoy quisiera ser la Maga
y deambular distraída por las calles desatinadas de Buenos Aires. (que no de París, que siempre fue un poco lo mismo, pero con puentes!)
Hoy quiero ser TU Maga,
más precisamente.
Y andar encontrándonos
sin buscarnos.
Y más que nada quiero guardarnos
en un cuarto de hotel cualquiera para hacer una siesta desmedida, mientras
afuera llueve y Buenos Aires se vuelve insoportable entre baldosas flojas y
colectivos que te salpican y confusión
de paraguas y taxis que pasan ocupados siempre.
Hoy me siento la Maga.
TU Maga, más precisamente.
Porque aunque hicimos el
amor, no en un cuarto de hotel si no en tu cuarto de soltero, en el borde de esta
misma Buenos Aires, no pensamos entonces que eso podía ser la felicidad.
Y sin embargo lo fue.
Quizás la única felicidad que hemos tenido y tendremos juntos.
Por eso quiero sentirme
la Maga. TU Maga, más precisamente.
Para poder sobrevivir a
pesar del tiempo, para poder estar a pesar de la distancia, para encontrar esa
felicidad tan sencilla, tan ingenua, entre la bruma de los recuerdos.
Pero está la vida.
Y no soy ni seré la
Maga. TU Maga, más precisamente.
Y los dos sabemos lo que
es real y lo que no es real.
Y tendremos que
atenernos a ello y saber desistir a tiempo.
Y nos quedará pendiente lo
que no fue antes, ni será ahora: caminar del brazo por las callecitas frondosas de
Belgrano; sentarnos en la penumbra de un cine y tomados de la mano devorarnos
una película turbadora; compartir el último café trasnochado en un extraviado bar
de Palermo antes de despedirnos; recorrer librerías en una tarde fría y debatir
desordenadamente si ficción o dogma; hablar mil veces más de ese libro
que pensamos y nunca escribiremos; volver a confundir la realidad virtual con
las circunstancias verdaderas.
Pero no es posible ser
la Maga. TU Maga, más precisamente.
Porque ya te dije, sos
un señor ocupado, muy ocupado y práctico y responsable y no te queda un hueco,
ni un resquicio diminuto para dejar entrar a la Maga (o a mi) y debes
seguir con lo tuyo que es formal, y
serio y no permite ni siquiera, un furtivo roce con la enajenación.
Y yo, yo ya tuve mi
toque de insensatez. Ahora debo volver a mi vida, que me reclama con sus
horarios, su tiranía de mandatos, su hábito de eficiencia y su rutina de provecho.
Tal vez, dentro de 40
años, podremos ser libres de convocar a la Maga, entonces este amor dejará de
ser una entelequia.
Te dejo un beso enorme.
AGOSTO II
Hace algunas semanas te regalé una canción…
La escuchaste?
Hiciste la módica tarea de bajarla a tu celular, por ejemplo?
O buscarla en la web?
Hallaste el lugar y el momento privado,
para ponerte los auriculares, cerrar los ojos,
y mientras la escuchabas, pensar en mí?
“La música es la voluptuosidad de la imaginación”
Por eso, y porque a veces lo que se quiere decir
ya ha sido dicho de manera más inspirada o certera,
uno puede usurpar canciones para expresarse.
Y esta tonta balada –que no dice mucho-
habla de una historia que vos decís que
está pasando, es casi tu canción...
está pasando, es casi tu canción...
Habla de tus reclamos
– a los que vos preferís llamar información -
Pero a mí me gusta que sean reclamos,
porque le da pasión a la historia,
la pone en la vereda de los sentimientos,
la recrea en las cosas únicas de la vida.
La valida como lo que fue:
una historia de amor, que solo se vive una vez…
Por eso, Caro,
cuando quieras excitar tu imaginación,
usá los auriculares y escuchala con el alma !!
Porque cuando algún fastidio te asalte,
y te encuentres caminando
por una callecita desahuciada de Buenos Aires,
o en el regreso trastornado del atiborrado subte,
o en la pausa precaria de tus clases inminentes,
y aun, en el reparador refugio de un banco en el Botánico,
aunque estés desatento,
vas a encontrar las horas felices
en que estuvimos tan cercanos…
“La música es la voluptuosidad de la imaginación”
Eugène Delacroix, pintor. Francia 1798-1863
“La música es la voluptuosidad de la imaginación”
Eugène Delacroix, pintor. Francia 1798-1863
AGOSTO
Aquí estoy, como te prometí, atendiendo tus dudas y develando
incertidumbres.
Porque como dice el tango “ 20 años no es nada”, pero… ¡¿40?!!
Nos pasamos…¿Verdad?
Sin embargo, debes saber que yo hubiera podido cerrar los ojos
y encontrar otra vez al joven que fuiste hace 40 años,
en la penumbra de tu cuarto de soltero,
en las urgencias de la piel fresca,
en la temeridad de la juventud,
en la inercia del desatino…
Pero me rechazaste.
Me trataste como a una vieja alumna -destacada en tu
memoria
académica, pero alumna al fin-
Y desde tu podio de profesor,
me ilustraste sobre la practicidad de la vida,
la certeza de la matemática,
la eficacia de las finanzas previsoras y otras tantas cosas más.
Caro,
Te lo dije varias veces en nuestros arrevesados chats, (si, esos donde
mezclamos y superponemos ideas, donde salteamos respuestas y preguntamos a la
vez)
Te lo mencioné, pero no te hiciste cargo, o no supiste leer entre líneas..
Caro, ¡me dejaste con un abrazo vacío!
¡UN ABRAZO!
Quizás, de todos los gestos del hombre –por lo menos en nuestra
cultura occidental judeocristiana-
el abrazo sea el símbolo más conspicuo de los afectos:
se abraza a un
hijo, a un padre, a un amigo, a un amante, a un hermano...
Se abraza en el festejo, se abraza en el dolor.
Se abraza al que ha llegado y se abraza al que se va lejos.
Yo estaba cerrando una etapa de mi doble vida entre dos ciudades,
antes
de retirarme a mi cuartel de otoño.
Buscaba una última aventura, furtiva y memorable…
Pero me hubiera conformado con un abrazo.
Me hubiera conformado con los 5 segundos
apretada a tu pecho,
contenida por tus brazos,
rescatando de lo más
profundo del recuerdo,
el calor de tu piel,
la ternura de tus manos,
el susurro
de la complicidad
y otras cosas que el pudor me impide describir.
Los 5 segundos de un abrazo, hubieran sido justos para
reparar la
memoria y tal vez,
conjurar los fantasmas del pasado…