Nació en los 80, en pleno arrebato de la primavera, bajo el signo de escorpio y no alteró jamás nuestra paz de pareja feliz con su primer crío.
Eso fue más adelante, allá por los 12 años (poco antes, poco después) cuando por primera vez nos cuestionó su nombre. Dijo: “un nombre estúpido”, dijo “¡horrible! nadie se llama así” Ni que decir cuando le expliqué “quiere decir la que viene con luz, la que trae la luz” y lo dije ateniéndome a la definición del santoral, con la esperanza de que su educación en colegio católico apaciguara su rechazo.
No hubo caso. Siguió renegando de su nombre, ¡para colmo su único nombre! –opción que habíamos elegido para nuestros hijos con el ánimo de darle mayor autoridad a sus nominaciones, probablemente sin pie ni cabeza- En esa época ella decidió agregar María, antes de su patronímico y nosotros (su familia) la llamábamos Maria L de las Nieves P (su apellido), para compensar la limitación de su único nombre abominado.
Entonces fue que le hablé de la verdadera razón que me llevó a elegir su nombre.
Le hablé de la canción de amor más simple y profunda que se había escrito dedicada a una mujer; le hablé de la dignidad de las palabras del Cantautor que retratan un estado de gracia más que un sentimiento; le dije, finalmente, que lo más valioso que le puede pasar a una mujer en su vida, es vivir un Gran Amor: esa sola experiencia alcanzaría para justificar su paso por este mundo. No importa si es correspondido o no, no importa cuándo o cómo y mucho menos si es perdurable –ya se sabe, solo los diamantes son eternos-. Le confesé mi secreta esperanza de que pudiera conocer algún día, un gran amor.
De terror. El Cantautor le pareció un viejo decadente, la canción una grasada y un gran amor en ese entonces no podía competir con los roller, un CD de Guns N' Roses o los jeans de Guess.
¡Malaya que pasaron los años! –no tantos, tampoco-, ya es una mujer plantada en la vida, con hijos, una separación desesperada y un affaire en ciernes.
Chiquita, desde acá te digo: encontrá el Gran Amor. Hacele honor a tu nombre.
Te lo digo desde la certeza de conocerlo (no importa con quién).
Es difícil describir o explicar, además sería una gran impertinencia de mi parte habiendo tantos Maestros que lo hicieron desde los albores de la humanidad. Pero una cosa puedo agregar tímidamente: es inconfundible. Porque es solo eso: una gracia que te concede la Vida. Un punto, un momento, un flash... o no.
Una mujer que pasa por este mundo sin conocer un gran amor, aún efímero, es una mujer incompleta. Después viene la maternidad, los amigos, la profesión, la trascendencia, la realización personal, los viajes, los placeres... la vida misma con sus más y sus menos.
No te quedes con “no hay nada más bello que lo que nunca he tenido...”, es mejor “...nada más amado, que lo que perdí”.
QUE ENCUENTRE EL GRAN AMOR...EL NOMBRE NO IMPORTA.T
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