Hace unos días encontré la Ciudad Autónoma apagada: micros casi vacíos, taxis furtivos y unos pocos peatones que parecían rezagados de algún compromiso. Cuando vi el primer kiosco con televisor y una rueda apretada de mirones, caí en la cuenta.
¡Otra vez un invierno de Mundial!
Recordé el otro mundial -el que los nativos llamámos El Mundial- y fue suficiente para evocar.
¿Dónde estas, Eugenio?
¿Te acordás como nos gustaba caminar por la ciudad completamente desierta, precisamente a la hora de los partidos? Era abrumador el silencio, era casi atemorizante la soledad, ¡era intimidante tanto espacio abierto! Era... tan hermosa Buenos Aires solitaria y fantasmal!
¿Dónde estas, Eugenio?
Trato de imaginar en qué recóndito lugar podrás vivir, qué delirio inmaduro estarás tramando ahora, qué sombras en la cara te habrá dibujado la vida. Cada tanto te busco en las guías, en internet, entre los viejos conocidos mutuos. Cada tanto le cuento a alguien alguna historia nuestra -y de los otros también- procurando tenerlos presentes, como quien resuelve crucigramas para no olvidar las palabras. Cada tanto recorro las etiquetas de la memoria y te encuentro a vos, a Daniel N, al Vasco, a Marina...
¿Dónde estas Eugenio?
¿Y dónde están los otros que todavía están?
Porque los que ya no están, los que nos dejaron temprano y se fueron de pronto, sin despedida, sin aviso, sin anestesia... esos están presentes, inalterables en su eterna juventud, confinados a su último gesto en nuestra pequeña memoria colectiva, ociosos en el recuerdo dulzón que nos quedó con los años, después de masticar la rabia inicial, la desolación, el terror.
Pero los que todavía estamos, Eugenio ¿Cómo saber que estamos?
Quiero imaginarlos desistiendo amablemente al alboroto, dejando de perseguir la quimera, sujetando el fervor, la pasión excedida. Quiero pensarlos saciados, abordando la calma, el caminar apaciguado, la prudencia verbal. Quiero sentirlos imperecederos, completos, con una melancolía animada... como están en mis recuerdos.
Por eso, Eugenio,
No te mueras sin avisarme... quiero saber que estás vivo cuando te piense.
SI. MUCHOS RECORDAMOS AQUEL MUNDIAL Y A BUENOS AIRES DESIERTA.
ResponderEliminarES BUENO RECORDARLOS EL DÍA DEL AMIGO.
QUE ENCUENTRES A EUGENIO...
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